Aforismos sobre la sabiduría de la vida
Arthur Schopenhauer
«La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos». Tras haber construido una de las metafísicas más radicalmente pesimistas de la historia en su obra cumbre, Arthur Schopenhauer sorprende en este volumen con un giro inesperado: un compendio de filosofía práctica, lúcido y afilado, diseñado para enseñarnos a sobrevivir de la mejor manera posible en un mundo imperfecto. Publicado en 1851, Aforismos sobre la sabiduría de la vida es un tratado de «eudemonología» o el arte de ser feliz (o, al menos, el arte de sufrir lo menos posible). Con su habitual prosa elegante, irónica y desprovista de falsas ilusiones, el gran pensador alemán desglosa la existencia en tres categorías fundamentales: lo que uno es (la personalidad y la salud), lo que uno tiene (las riquezas) y lo que uno representa a los ojos de los demás (la reputación y el estatus). Lejos de los manuales de autoayuda convencionales, Schopenhauer nos ofrece un antídoto contra las trampas del aburrimiento, la envidia y la tiranía de las expectativas sociales. Su consejo es tan contracorriente como actual: la verdadera riqueza es interior, la soledad es el refugio de los espíritus superiores y la paz mental se conquista cuando dejamos de buscar la aprobación ajena. Este libro no solo le otorgó a su autor la fama mundial que se le había negado durante décadas, sino que se convirtió en una de las obras más leídas y magnéticas del pensamiento occidental. Una guía imprescindible para aprender a manejarnos en el teatro del mundo con prudencia, independencia y verdadera dignidad.
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Capítulo 1
Introducción
Asumo aquí el concepto de sabiduría de la vida enteramente en su sentido inmanente, a saber, el del arte de conducir la existencia del modo más agradable y feliz posible, cuya guía podría también denominarse Eudemonología; sería, por consiguiente, la instrucción para una existencia feliz. Esta, a su vez, podría definirse, en todo caso, como aquella que, considerada de un modo puramente objetivo, o más bien (puesto que aquí lo que importa es un juicio subjetivo), tras fría y madura reflexión, sería decididamente preferible a la no existencia. De este concepto se sigue que nos aferraríamos a ella por sí misma, y no meramente por miedo a la muerte; y de esto, a su vez, que desearíamos que su duración fuese infinita. Si la vida humana se corresponde, o incluso puede corresponderse, con el concepto de tal existencia, es una cuestión que, como es sabido, mi filosofía niega; mientras que la Eudemonología presupone su afirmación. Esta, en efecto, se basa precisamente en el error innato con cuya censura se abre el capítulo 49 del segundo tomo de mi obra principal. Para poder, no obstante, elaborarla, he tenido, por ende, que apartarme por completo del punto de vista superior, metafísico-ético, al que conduce mi filosofía propiamente dicha. Por consiguiente, toda la exposición que aquí se ofrece se basa, en cierto modo, en una acomodación, en la medida en que permanece en el punto de vista común y empírico y se aferra a su error. De ahí que su valor solo pueda ser relativo, puesto que la propia palabra Eudemonología no es sino un eufemismo. – Además, tampoco pretende ser exhaustiva; en parte porque el tema es inagotable, en parte porque, de otro modo, habría tenido que repetir lo ya dicho por otros.
Escrito con una intención similar a la de los presentes aforismos, solo me viene a la memoria el muy recomendable libro de Cardanus, *de utilitate ex adversis capienda*, que puede servir para completar lo aquí expuesto. Cierto es que también Aristóteles intercaló una breve Eudemonología en el capítulo 5 del libro I de su *Retórica*; sin embargo, resultó muy sobria. No he utilizado a estos predecesores, pues compilar no es mi método; y tanto menos cuanto que con ello se pierde la unidad de la perspectiva, que es el alma de las obras de esta índole. – En general, ciertamente, los sabios de todas las épocas siempre han dicho lo mismo, y los necios, es decir, la inmensa mayoría de todas las épocas, siempre han hecho lo mismo, a saber, lo contrario; y así seguirá siendo en lo sucesivo. Por eso dice Voltaire: *nous laisserons ce monde-ci aussi sot et aussi méchant que nous l'avons trouvé en y arrivant*.