El ocaso de los ídolos

Friedrich Nietzsche

Portada de El ocaso de los ídolos

«Hay más ídolos que realidades en el mundo...» Escrito en el umbral de su madurez intelectual, El ocaso de los ídolos es la obra donde Friedrich Nietzsche condensa, con la fuerza de un huracán, las líneas maestras de su pensamiento. Aquí, el filósofo alemán no utiliza la pluma para escribir, sino que empuña un martillo: un instrumento médico y crítico destinado a golpear los grandes 'ídolos' de la cultura occidental —la moral cristiana, el racionalismo socrático, el idealismo platónico y las verdades absolutas— para demostrar que están huecos por dentro. Con un estilo aforístico, mordaz y de una brillantez poética inigualable, Nietzsche nos invita a despertar del letargo cultural y a cuestionar todo lo que la sociedad da por sentado. Esta obra no es solo un diagnóstico implacable de la decadencia de Occidente, sino también una declaración de guerra contra el autoengaño y un canto vibrante a la libertad del espíritu y la afirmación de la vida. Un clásico imprescindible para quienes no temen ver el mundo tambalearse bajo el peso de la verdad.

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Capítulo 1

CONSERVAR en los problemas sombríos y de abrumadora responsabilidad la alegría serena, es cosa harto difícil, y, sin embargo, ¿hay algo más necesario que la alegría serena? Nada sale bien si no participa en ello la alegre travesura. Soló el exceso de fuerza es la prueba de fuerza. Una transmutación de todos los valores, interrogante negro y tremendo que proyecta sombras sobre quien lo plantea, obliga a cada instante a buscar el söl y sacudir una seriedad pesada, una seriedad que se ha vuelto demasiado pesada. Para este fin, bienvenidos sean todos los medios; cada caso es un caso de buena suerte. Sobre todo, la guerra. La guerra siempre ha sido la grande cordura de todos los espíritus que se han vuelto demasiado íntimos y profundos; hasta en la herida hay virtud curativa. Desde hace tiempo la siguiente máxima, cuyo origen escamoteo a la curiosidad erudita, ha sido mi divisa: increscunt animi, virescit volnere virtus.

Otro solaz, que bajo ciertas circunstancias me es aún más grato, consiste en tantear ídolos... Existen en el mundo más ídolos que realidades; tal es mi “mal de ojo” respecto a este mundo, como también mi “mal de oído”... Interrogar con el martillo y oír acaso coma respuesta ese famoso sanida hueco que dice de intestinos aquejados de flatosidad, ¡qué deleite supone para uno que tiene oídos aún detrás de los oídos!; para mí, avezado sicólogo y seductor ante el que precisamente lo que quisiera permanecer calladito tiene que hacerse oír...

También este escrito-como lo revela el título-es ante todo solaz, rincón soleado, escapada a la sociedad, de un sicólogo. ¿Acaso también una nueva guerra? ¿Se tantean nuevos ídolos?... Este pequeño escrito es una gran declaración de guerra; y en cuanto al tanteo de ídolos, esta vez no son ídolos de la época, sino ídolos eternos los que aquí se tocan con el martillo como con el diapasón; no existen ídolos más antiguos, más convencidos, más inflados... ni más huecos... Lo cual no impide que sean los más creídos. Por otra parte, sobre lodo en el caso más distinguido, no se los designa en absoluto con el nombre de ídolo...

Turín, 30 de septiembre de 1888,

día en que quedó concluido el libro

primero de la Transmutación de todos los valores.